Mercadeo conversacional

Conversar, qué hecho tan común y regular para todos, conversar no tiene nada de extraño, es como cualquier otra actividad fundamental de la vida.

Pero mi pregunta es: ¿sabemos conversar? ¿sabemos iniciar y sostener una conversación que mantenga la atención y el entusiasmo de quien me escucha? o simplemente hablamos sin parar, creyendo que entre más cosas digo, más interesante e inteligente me perciben; sin darme cuenta que quien me escucha, cuenta los segundos para poder escapar de mi absurda historia.

La gente que habla más de la cuenta, la que se roba la palabra del otro, la que cuando les toca escuchar se distraen y pierden interés; esas personas generan en mi mente un bloqueo inmediato: los evito y olvido por completo.

Creo que conversar no es una actividad vital similar a las otras que podemos hacer en automático: como bañarnos, comer, dormir o manejar un carro. Hablar es totalmente diferente, más que hablar se trata de escuchar con atención: observar sus reacciones, gestos de alegría, entusiasmo o aburrimiento; para cambiar de inmediato y captar de nuevo su atención o para disfrutar del regalo de sus sonrisas.

Hablar con seguridad, autenticidad y con un vocabulario fácil, es para mi una expresión de respeto en “el buen sentido de la palabra”.

Me encanta la expresión “el buen sentido de la palabra”: usar las palabras correctas y con sentido, ajustadas al contexto de la conversación y al público que me escucha, para mi eso es respeto.
Bueno, y que tiene que ver esto con mercadeo: – “Todo” – porque lo que nos pasa en nuestras relaciones personales, pasa también con las marcas y las empresas: las marcas que no escuchan, que hacen publicidad sin objetivos, que nos invaden con avisos en cada canal, las marcas que no se preparan para conversar con sus públicos, están destinadas a desaparecer: tarde o temprano sus audiencias los olvidarán.

El mercadeo conversacional nos hace volver a las bases, nos invita a pensar primero en nosotros como seres individuales: qué decimos, cómo, dónde, a quién?. ¿Las palabras que elegimos son las adecuadas para los contextos y ambientes en los que nos movemos?, o por el contrario mezclamos todo: no diferenciamos una conversación familiar de una profesional o personal.
La tecnología y más específicamente los robots que trabajan en conversar con los consumidores, están enfrentando grandes retos para entender a los humanos.

La percepción de los estudios ha sido que los robots tienen problemas para entender, que se pierden y no saben responder, y que aún les falta mucho para poder servir al consumidor; yo no creo que ese sea un problema de los robots, todo lo contrario, son ellos los que están sufriendo: queremos entrenarlos para que hablen más de la cuenta, para que escuchen y lean palabras sin sentido, ni contexto; es decir queremos heredarles nuestra falta de atención y conocimiento del idioma.

El mercadeo conversacional no es solamente la tecnología que nos permite establecer relaciones con la palabra, es también la posibilidad que tenemos hoy de desaprender y olvidar viejos y malos hábitos; es la oportunidad de comenzar a enseñarles a nuestros robots y a nuestra audiencias vocabulario con significado, contenido y propósito.  De esta forma la palabra nos va a permitir crear relaciones honestas, aquellas que vamos a querer cuidar y conservar a través del tiempo.

Pilar Zaldua

I am passionate about practical marketing with technology and common sense; experienced entrepreneur, avid reader and writer.